En una iluminada y espléndida noche de
verano, se encuentra Shelam observando detalladamente el firmamento. Recostado en la hierba, con las manos debajo
de la cabeza a manera de almohada, Shelam se percata de que, en el cielo asombrosamente
estrellado, azul y despejado, unas
estrellas brillan más que otras. Aunque
esto es algo muy normal para el resto de
las personas, para este inocente niño es
todo un descubrimiento; de igual manera se pregunta Shelam cómo es que algunas estrellas poseen más luz
que otras?. Y, esto confunde al niño por lo cual se
cuestiona: cuál es la justicia y el equilibrio divinos?...
Para Shelam, aparentemente la naturaleza ha repartido entre
las estrellas el don de alumbrar y brillar sin mucho equilibrio; al parecer la Creación
ha asignado con muy poca justicia esta gracia, la de brillar para alumbrar
desde el cielo, a los diferentes astros que podemos observar desde la tierra en
las iluminadas noches de verano todos los Seres Humanos.
En medio de sus cavilaciones, se
prepara para irse a descansar cómodamente en su
cama, pero de repente aparece un Ser que, ante las dudas, reproches y quejas del
niño, decide llevarlo a dar un paseo por sentisemo. Este misterioso Ser sin forma física, alumbra
el recinto con su brillo natural; el Mago brillante lleva como en hélices a Shelam a sentisemo, el planeta de
los sentimientos, sensaciones y emociones, con la sana intención de que el niño
conozca de manera directa y por su
propia cuenta, cuáles son las causas por
las que algunas estrellas brillan más que otras en un firmamento que todos
entendemos es hecho por el mismo Ser Justo y Equitativo, Creador de todos los mundos… El fin del Mago brillante de llevar a Shelam a
sentisemo por algunos días, es que este niño tenga argumentos reales y
suficientes para arraigar o desechar el cruel juicio que lo ha hecho dudar de su filosofía
espiritual.
Al llegar a sentisemo guiado por el
Mago brillante, Shelam queda literalmente boquiabierto, pues jamás pensó
siquiera la posibilidad de vivir semejante experiencia tan maravillosa y mágica;
este estupendo ejercicio de observar el
mundo de un modo tan diferente y a su vez contemplar desde otro lugar del
universo al mundo real, deja a este niño asombrado…
Shelam se encuentra ahora en medio de
las más diversas estrellas; estrellas de todos los brillos, luces y colores
resplandecientes hacen parte ahora de la realidad fantástica de nuestro curioso
y afortunado niño. Visiblemente
emocionado y absolutamente enternecido por la luz y el resplandor que encuentra
ahora en su alrededor, Shelam parece
olvidar la intención del Mago al llevarlo a Sentisemo.
Sin embargo, el Mago de brillo, ya acostumbrado a lo que para Shelam es un
universo mágico, hace caer en cuenta al niño de la razón por la cual se
encuentra aquí, con la única intención de que fije su esmero y vigilancia en
aquello que provocó en él tantas dudas, reproches y quejas: “descubrir cuál es
el motivo que hace que unas estrellas brillen más que otras”? El Mago brillante sabe que Shelam está
inquieto por deducir de raíz la génesis de la Justicia y el Equilibrio Divinos. Shelam, que es un Ser muy inteligente, comprende y
acepta el llamado del Mago y se propone concentrarse en descubrir cuáles son
los motivos por los cuales unas estrellas poseen más luz que otras y encontrar
la Verdad de la Justicia Divina.
De repente y sin darse cuenta cómo ni
en qué momento el niño se encuentra en medio de un grupo de amigas estrellas
que disfrutan de un merecido descanso durante sus labores cotidianas. Las estrellas reconocen en Shelam a un
ferviente aunque inocente admirador;
todas lo admiten con gran simpatía, razón suficiente para que el niño se sienta bien acogido. Lógicamente que por su condición de niño, a
Shelam le hace falta la malicia necesaria para conocer que las verdaderas
intenciones particulares de sus nuevas amigas es hacerse ver a cada una de
ellas como la más brillante, luminosa y resplandeciente y por ahí derecho hacer
quedar lo peor posible al resto de las compañeras del grupo. Al poco rato y con una enorme cortesía y fraternidad
sin igual se retira del elenco la más destacada por su brillo y naturalidad,
quien decide irse para continuar con sus labores, ignorando por completo las
burlas por “sapa” y las sátiras por “lambona” de sus compañeras. La colilla de estrellas tiene una gran pereza
para continuar con su jornada de quehaceres cotidianos y por esa razón deciden
quedarse charlando con Shelam durante un rato más y aprovechar esta ocasión
para hablar mal de la compañera que se ha retirado. Aunque niño inexperto Shelam detecta en el
resto de esta nómina un estado de ánimo
perezoso y aletargado, características que no alcanzó a percibir en las
estrellas más brillantes.
Inteligentemente Shelam enfoca el tema de conversación con miras a
descubrir qué es lo que ocasiona la pereza en este conjunto de estrellas. Extrañado Shelam comprende que la pereza es
el temple, el talante habitual en este grupo y que no hay algo específico que
les inspire pereza sino que todo les provoca un deplorable letargo, mejor
dicho, estas estrellas viven en un constante sopor.
Shelam se encuentra sorprendido porque
se está dando cuenta cómo a las estrellas más jóvenes es a las que más aflige la flojera y la holgazanería, de igual manera
asocia esta condición de desidia y abandono con las estrellas más opacas y
desteñidas. A Shelam nadie distinto a
ellas mismas le ha contado o demostrado
como las domina la ociosidad y la vagancia; son ellas mismas las que le han dicho o demostrado como las oprime una modorra inusual; son esas mismas estrellas
quienes con su hablar, gesticular y
obrar muestran y demuestran la auténtica naturaleza de su temperamento perezoso;
Shelam tan solo observa y divisa las diferencias…
Convencido como vive Shelam de que la
pereza es altamente contagiosa, decide retirarse de esta caterva de estrellas, opacas por perezosas, antes de resultar contaminado
por este dañino mal de la pereza y la galbana, generador de miseria y engendro del demonio, antes de intoxicarse con la evidente pesadez que afecta a sus nuevas amigas, lo cual lo
tiene ingratamente impresionado.
Absorto en el análisis del estado de ánimo
de sus inusitadas amigas y, casi sin
saberlo, a Shelam sus pasos lo están
guiando hacia otro grupo de estrellas, quienes departen con gran entusiasmo de
una noche fantástica. Este montón de
estrellas llama poderosamente la atención de Shelam porque la expresión de su
entusiasmo y alegría contrasta notoriamente con la pereza y el aletargamiento
del grupo anterior y esta característica tan controversial hace que el niño se
anime a platicar con ellas durante un buen rato.
Shelam, que ya ha perdido la timidez y
la modestia ante su inusual experiencia, se aproxima a estas estrellas de
colores resplandecientes y luminosos en donde, obviamente, hay una que
sobresale por un resplandor especial y
se destaca por la expresión de su naturaleza alegre y fraterna, segura de sí,
pero sobre todo, respetuosa, considerada y solidaria con sus amigas. Sin embargo, a pesar de la fidelidad que esta
estrella siempre demuestra por sus amigas, Shelam detecta ciertos rumores y
burlas hacia ella en el resto de sus compañeras.
Rápidamente Shelam intuye que así como
él ha sido atrapado por la jovialidad de esta resplandeciente estrella lo mismo
pasa con todo el que llega a este grupo y que esta es la razón de la rabia de
las otras y el único motivo por el cual las demás pretenden ocultar, o al menos
disimular, el color tan luminoso y resplandeciente de esta estrella. Al retirarse la brillante estrella de la
celebración nocturna, Shelam se dedica a escuchar con mucha atención los
comentarios de las que quedaron y a
contemplar el estado emocional del resto de las compañeras quienes no pueden
disimular la envidia que las devora por la forma de ser y de brillar de la
compañera ausente. Shelam no puede enmascarar
delante de las demás estrellas la admiración y el aprecio que le ha despertado la
esplendorosa estrella y con esto sí que motiva e incita al resto de compañeras
a expresar y manifestar su torturadora y demoledora envidia. Shelam decide retirarse también, antes de que
sus nuevas amigas se den cuenta de la burla y el sarcasmo que le provocan con
sus pérfidos celos, envidia y frustración.
A Shelam le ha tocado desarrollar la
observación enfocada de manera consciente hacia su objetivo de descubrir qué es
lo que hace que unas estrellas tengan más luz que otras, lo mismo que ejercer todo su
sentido común para detectar la Verdad de la Justicia y el Equilibrio Divinos. A Shelam le toca ensanchar la astucia y la
intuición para poder llevar a cabo la misión de
develar el porqué unas estrellas brillan más que otras y cómo es que así,
de esta rara manera, también se cumple
la Verdad de la Justicia y el Equilibrio Divinos. Con el desarrollo de la observación
consciente, la sorraconería y la perspicacia Shelam madura a cada instante con
lo cual cada vez se vuelve un niño más seguro.
Ya
Shelam se encuentra normalmente cansado y va por un sendero muy solitario en sentisemo
en busca de un espacio propicio para descansar.
Ahora, dispuesto a buscar acomodo
según sus costumbres y posibilidades en su medio habitual, a Shelam de repente algo le llama la
atención; el niño de pronto descubre algo como escondido detrás de una
espectacular cortina que destella luces y colores que adornan el firmamento y
que deslumbran al niño, quien se acerca asombrado a identificar a la misteriosa
imagen que tiene ante sus ojos.
Shelam reconoce en la sombra que
proyecta la imagen escondida a una despampanante estrella que procura ocultarse
cada vez más a medida que el niño se le acerca.
Pero, al fin y al cabo niño, Shelam entiende que la hermosa estrella se está recreando con él y por eso decide
seguirle el juego por un buen rato. Sin embargo, Shelam es un niño muy
inteligente y al rato comprende que no se trata de un juego, Shelam se concientiza
que la estrella no está jugando; pero, entonces?... a qué se debe que esta
bella estrella se le haya estado escondiendo durante tanto tiempo?...
súbitamente Shelam imagina que esta deslumbrante estrella lo está espiando y un
poco asustado Shelam decide enfrentar esta sorpresiva y complicada situación y se resuelve a investigar la razón por la cual la estrella lo está,
supuestamente vigilando…
Una vez ha entablado un diálogo con la
preciosa estrella, Shelam empieza a evidenciar como ésta expresa una muy
arraigada timidez y una desesperante reserva que parece no permitir emprender una
amistad. Estas características de timidez, silencio y reserva son nuevas
para Shelam pues no las había percibido en los grupos de estrellas que ya ha tratado.
En este nuevo contacto Shelam se
encuentra solo con la estrella, es decir, no hay estrellas amigas que le hablen
de ella; por el contrario Shelam tiene que fijar su atención y concentrarse en
descubrir por sí mismo y sin la ayuda de algún otro ser, cuál es el motivo que hace que esta bella
estrella no sea perceptible a simple vista, el niño debe detectar porqué este
brillante ser no se refleja en el universo como el punto de luz que realmente
es.
Finalmente, Shelam consigue la amistad
de la estrella; por fin el pequeño logra
ganarse la confianza de la estrella quién, a medida que le cuenta todo sobre su
vida al niño, deja ver sus dudas, temores y complejos; todos sus sentimientos,
sensaciones y emociones traslucen un enorme componente de miedo e inseguridad,
lo cual no escapa al análisis del inquieto e inteligente pequeño.
Sí, ya Shelam
ha percibido que la nueva amiga estrella padece de un muy enraizado miedo, dominante y paralizador, que le impide
desenvolverse y mostrar su luz y su resplandor al mundo y que, por ende, todo
lo que se haga por ayudarla será inútil, puesto que su pobre y opaca amiga no
admite que tiene un problema gravísimo en la percepción del equilibrio y
armonía del universo, todo lo contrario, ella está convencida de que posee
mucha desventaja frente a las demás estrellas y todo el tiempo esta culpando
por esto a la naturaleza.
Convencido de que su misión en sentisemo
ha sido fielmente cumplida, Shelam se dispone a iniciar la ruta de regreso a
casa.
Sin embargo, durante este camino en busca del retorno al
hogar, Shelam se encuentra con una estrella que está trabajando mucho en su propia luz y
resplandor; pero aparentemente esta es una labor inútil e infructuosa, porque
por más esfuerzo que hace no consigue brillar por más que lo intenta, cada vez se ve más
opaca y el brillo y el color parecen esquivarla. Entre condolido y asombrado Shelam se acerca muy
solidario a la estrella con la sana intención de colaborarle a la nueva
amiga. Pero, a pesar que ambos, Shelam y
la estrella, dejan todo de sí mismos en la labor de darle brillo, luz y color a
ésta, a la estrella, les es imposible alcanzar que se destaque. Shelam se da cuenta que existe algo
misterioso que impide la visibilidad de esta nueva amiga en el espacio, y el
niño quiere investigarlo.
Al igual que la anterior estrella,
esta es una estrella solitaria en lo cual Shelam centra su atención pues esta
es una condición extraña en estos seres, según lo que
el niño ha podido conocer hasta
ahora. A medida que la charla avanza
Shelam se está dando cuenta que esta estrella no es solitaria por gusto o
elección de ella misma, sino porque sus demás congéneres la rechazan por
considerarla de una pésima energía debido a la manifestación de una constante
amargura, pues todo el tiempo está expresando los odios, resentimientos y rencores que alberga en lo más intimo de su
ser y que rápidamente Shelam capta obligándolo a salir de allí corriendo, pues
no encuentra como ayudar a su nueva amiga debido a que ésta tiene estos
sentimientos, odios, resentimientos y rencores, demasiado arraigados, con el
delicado agravante de que para cada uno de sus odios, resentimientos y
rencores, la hermosa estrella tiene una justificación o una razón muy lógica
con la cual desvirtúa cualquier
razonamiento que la controvierta.
El Mago brillante llega hasta Shelam
ahora sí para devolverlo él mismo a casa, pero al niño se le ocurre una última
curiosidad y se la consulta al Mago: dónde está el paraíso?
El Mago se sorprende ante la pregunta
del niño, pues este no entiende cómo es que Shelam no sabe dónde queda el paraíso si, según el Mago, el niño ha llegado allí a sentisemo desde el
paraíso, es decir, que el medio habitual de
Shelam es el paraíso. De todos
modos, el Mago lleva a Shelam hasta el punto preciso a partir de donde puede
divisar mejor el paraíso desde sentisemo, pero le advierte que para poder
contemplar y disfrutar del paraíso debe antes derribar los cuatro muros que
tiene en frente, los cuales están debidamente identificados.
-pereza: porque inhibe y obstruye las
capacidades físicas y mentales que todos poseemos como dones que nos ha
otorgado equitativamente la naturaleza. La
pereza opaca el brillo a cualquier estrella.
-envidia: tan solo genera
frustraciones que limitan la expresión del Ser Divino en el Ser Humano, impiden
la manifestación del Ser Real. La
envidia conlleva a malgastar el tiempo mirando la vida del otro en vez de
aprovecharlo en el desarrollo de los dones y talentos internos individuales. La estrella que se detenga a envidiar a otra,
jamás brillará…
-miedo: es el más efectivo y
contundente paralizador. Coarta la
acción y restringe la realización de ideas y sueños. El miedo es un enemigo que va absorbiendo una
meta y con ello va carcomiendo poco a poco una aptitud. El miedo opaca el brillo a cualquier
estrella y empaña su luz…
-rencor: amarga la vida y genera todo
tipo de enfermedades y dificultades. No
permite ni admite realización alguna. El
rencor va minando la mente de tal manera que se inmiscuye en toda actividad
física o material para entorpecerla. El
odio aniquila el brillo a cualquier estrella e inhibe su manifestación…
Shelam está fascinado con la idea de
vivir en el paraíso porque ya se lo ha ganado al identificar y derribar los
cuatro muros que imposibilitan disfrutarlo.
Una vez reconocidos y derrumbados estos obstáculos Shelam contempla
asombrado y atónito lo que tiene ante sus ojos, Shelam vislumbra extasiado a Colombia…